No todo lo que brilla es oro, a veces es diamante


Recuerdos del pasado, imágenes del futuro, pensamientos, palabras no dichas, deseos no satisfechos, son el lenguaje de nuestra mente que intenta constantemente escapar de su realidad más inmediata.
La paz es nuestro derecho de nacimiento divino, siempre ha estado inmersa en lo más profundo de nuestra conciencia. La conciencia de que somos un ser espiritual. Un alma incorporal, un punto de luz en el centro de la frente. 

Foto, fuente: Pixabay

Las consecuencias karmicas de pensar espiritualmente, es experimentar un estado de calma y seguridad interna, muy profunda. Es cómo encontrar un lago cristalino en el centro de nuestra conciencia que no es afectado por los vientos huracanados de nuestra mente.

Pero... ¿Qué es pensar espiritualmente y cómo puedo pensar más espiritualmente en mi vida?

La mente tiende a ser susceptible a las emociones, pudiendo estas modificar tanto nuestra fundación que a veces no tenemos poder ni siquiera para decir no a una situación que sabemos que no nos beneficiará. Actuamos por hábitos aprendidos, ya sea en nuestra infancia, dónde somos completamente inocentes, y a lo largo de nuestra vida, dónde imitamos a nuestros pares hasta tal punto que hacemos nuestras conductas que no deberían serlo porque no forman parte del repertorio original de elementos de nuestra alma.

Está bien fluir con los acontecimientos, pero actuar "sin filtro", sin distinción de si lo que haremos nos generará algún tipo de perjuicio, es violencia contra nosotros mismos. Y generalmente, lo que nos hace daño a nosotros termina casi ineludiblemente por hacer daño a los demás, aunque no queramos verlo o finjamos que no nos damos cuenta.

Pensar bien en lo que estamos entregando al mundo, puede ser el antídoto frente a tanta desazón en las almas, ser consciente de que no debemos dar a los demás lo que nosotros no tomaríamos. Para esto debemos tener un propósito elevado, tomarnos el tiempo de descubrirlo en lo más profundo de nuestro corazón, y vivir guiados por el. Nuestro propósito puede ser una persona, o personas, la familia, los amigos, está claro que a mi me funciona vivir guiado por el servicio a mis vínculos, pero en definitiva, vivimos todos en un mismo sistema dónde estamos interconectados y somos en esencia una gran familia humana, compuesta por nosotros las almas.

Solo que cuándo entramos en comunión, unos con otros, en el trajín del día, olvidamos nuestro vínculo filial, porque nos desconectamos de nuestra propia esencia, que es la paz, el amor y la pureza, no tenemos poder para experimentar esta visión alternativa y finalmente no podemos abrazarla con todo nuestro ser. Sería deseable para poder empoderarnos y hacer nuestra fundación de pureza bien fuerte practicar la meditación. 

Por ejemplo, la meditación Raja Yoga, que practico desde 1997, integra el conocimiento de que soy un alma de paz, junto con la experiencia de aquella paz, hasta tal punto que puedo dirigirme hacia mi propósito mientras permanezco en un estado de bienestar interno, aún durante el trajín diario. El único requisito para esto es renunciar a las viejas formas de hacer las cosas, y esto no quiere decir que no podré seguir haciendo las cosas de acuerdo a mi estilo. Sino que entrego esos rasgos de personalidad a Dios, a la Luz o cómo queramos verlo/a. Entonces dejan de ser una responsabilidad las ataduras y se convierten en una bendición. Gracias a ellas progresamos espiritualmente, sintiéndonos más plenos al final del día. Dios nos potencia frente a las situaciones y nos empodera.



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